Actualmente, nos encontramos, con sorpresa aun para los mismos especialistas, con que la enfermedad coronaria (siempre considerada propia del hombre) también puede cursar en la mujer.

La enfermedad cardiovascular en la mujer ha sido subestimada y hasta ignorada durante muchos años. Actualmente, nos encontramos, con sorpresa aun para los mismos especialistas, con que la enfermedad coronaria (siempre considerada propia del hombre) también puede cursar en la mujer, en especial si está expuesta a factores de riesgo, y en el sexo femenino representa la causa líder de mortalidad.

Esto merece breves explicaciones: la enfermedad coronaria en la mujer está estrechamente ligada a la caducidad de su fertilidad. Es decir, es una enfermedad posmenopáusica. Recién a partir de la senectud empieza a competir con el hombre, que, tradicionalmente, enferma y muere, mucho antes.

En el último siglo, la expectativa de vida del ser humano pasó de unas cinco décadas a la actual y, por lo menos en el sexo femenino, no es raro que llegue a los 80, 90 o más años. Es decir, la enfermedad cardíaca en la mujer, al ser propia de la senectud, resultaba imposible de diagnosticar 50 o más años atrás.

Otro aspecto que obstaculizó su reconocimiento fue la preocupación, centrada en las mujeres, de padecer un cáncer de mama y otras enfermedades malignas de los órganos genitales femeninos, relegando lo cardiovascular.

Finalmente, la mujer contemporánea ha coparticipado y hasta reemplazado en las facetas socioculturales y laborales a los hombres, y es objeto de las mismas agresiones (cigarrillo, estrés, sedentarismo, falta de descanso, sobresaturación de actividades protocolares, etcétera) que antes eran prácticamente potestad de ellos.

Hoy se sabe que, con la menopausia, en general, la mujer comienza a ser también vulnerable a una enfermedad coronaria, y esta simple concientización –para la cual pueden contribuir los medios de comunicación–es un gran paso. Esto facilita la consulta médica precoz, con todas sus ventajas.

Agresiones cotidianas. La mujer y el hombre comparten hoy un entorno agresivo, donde se impone el estrés.

Cuando hablamos de prevenir, estamos haciendo referencia a conocer cuáles son esos factores de riesgo que pueden dañar las coronarias y corregirlos. En las enfermas o potenciales enfermas, los antecedentes familiares consanguíneos siempre deben ser un llamado de alerta. En estos últimos años, la obesidad –en especial, a nivel del abdomen en la mujer–, es la meta número uno a corregir, por su elevada asociación con la diabetes tipo 2 y la hipertensión arterial, un ramillete de factores nocivos que integran lo que se denomina “Síndrome X Metabólico”. La alimentación calificada como “chatarra”, las bebidas alcohólicas y las gaseosas, la multiplicidad de ítems de confort (desde el transporte hasta el popular control remoto) que facilitan el sedentarismo y por ende la obesidad, con sus consecuencias metabólicas y hasta psicosociales (ansiedad y depresión), deben corregirse.

Si tuviéramos que elegir entre los factores más agresivos para desarrollar la arteriosclerosis en la mujer, seleccionaríamos en este orden: la edad posmenopáusica, consanguinidad, obesidad, diabetes, estrés, sedentarismo y la adicción al tabaco. La mujer senil también tiende a ser frecuentemente hipertensa y las más jóvenes, al peligro de trombosis por el empleo de anticonceptivos orales, especialmente si es fumadora.

Cuando se corrigen todos estos factores o, al menos, se los controla, estaremos efectuando la prevención primaria de una futura arteriosclerosis. No sólo de los vasos del corazón (coronarias), sino también del cerebro, los riñones y las arterias de las piernas.
Cuando la mujer viene a consultarnos es porque ya ha experimentado síntomas y tiene un cuadro asociado a las obstrucciones arteriales que disminuyen el flujo de algún órgano involucrado (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, gangrena, insuficiencia renal), estas mismas medidas de prevención deben potenciarse al máximo. En ese caso, estaremos hablando de prevención secundaria, para evitar nuevos eventos.

Los medicamentos y las terapéuticas correctivas (angioplastia, baipás) serán sólo transitoriamente efectivos si no se acompaña de una profunda actitud de corregir factores de riesgo. Los baipás se ocluirán y los vasos dilatados por angioplastia se reestenosarán (se volverán a estrechar).

Finalmente, y admitiendo que por los roles que desempeñan en la sociedad las “abuelas” están más limitadas, la actividad programada y sostenida en un gimnasio especializado, arroja resultados sorprendentes. Tal es nuestra experiencia institucional de 38 años en nuestro Centro de Rehabilitación Cardiovascular (Cereca), pues lo comprobamos con pacientes que sobrevivieron dos o tres décadas desde el comienzo de su enfermedad con una reincorporación muy satisfactoria física y socialmente.

Una vez más necesitamos conocer el problema y prevenirlo para evitar medidas de mayor envergadura (angioplastia, baipás, diálisis, amputación de miembros, etc.). Corregir los factores de riesgo ha salvado más vidas que todos los avances farmacológicos y quirúrgicos en este terreno.

Por Cesar Serra

Codirector del Instituto Modelo de Cardiología.

Nota publicada en el Diario “La Voz del Interior” (20 de Noviembre / 2013)