Desde hace muchos años hay una fuerte creencia basada en publicaciones, conferencias y en la publicidad de que la aspirina y el alcohol son beneficiosos para el corazón y que su consumo diario previene el infarto y el accidente cerebrovascular (ACV).  Esto es cierto para las personas que ya han tenido un infarto o un ACV y deben prevenir que ocurra otro; a esto se denomina prevención secundaria. En cambio en lo que respecta a la prevención primaria, que significa prevenir que ocurra por primera vez, los estudios científicos no han demostrado eficacia para recomendarlos y sí algunos problemas de seguridad.

El infarto de miocardio (o ataque cardíaco) se produce porque una placa de colesterol se rompe y se produce de forma aguda un coágulo de sangre dentro de una arteria coronaria; algo similar sucede con el infarto cerebral o ACV isquémico.  Por ello, una manera de prevenirlos sería tomar una medicación que prevenga la formación de coágulos dentro de las arterias, además de otras medidas muy saludabes como son una alimentación sana y tener actividad física regular.  Pero la evidencia científica reciente ha mostrado datos muy importantes.

Aspirina. Esta es una droga originalmente extraída de la corteza del sauce blanco como ácido salicílico, que durante milenios se usó para calmar el dolor y bajar la fiebre. En 1897, un químico alemán le introdujo una modificación y pasó a ser ácido acetilsalicílico, y se la denominó aspirina.  Su principal efecto sobre el aparato cardiovacular es reducir la capacidad de las plaquetas de unirse entre sí, es decir de prevenir la formación de coágulos dentro de las arterias. Pero, precisamente por este motivo, también tienen como efecto secundario importante el de aumentar las posibilidades de una hemorragia sobre todo gástrica, intestinal y, en menor medida, cerebral.  Importantes estudios han mostrado que si bien la aspirina a dosis bajas (por ejemplo: 100 miligramos por día) puede reducir el infarto cardíaco y el ACV isquémico, no reduce la  muerte cardiovascular, debido principalmente al riesgo de sangrado.  Estudios realizados en países desarrollados (Estados Unidos, Australia, Europa, Japón), han mostrado que para ese tipo de población, no hubo un beneficio con aspirina y, aunque no se pueden generalizar totalmente los resultados para América Latina, hasta que haya estudios en nuestra región se podría decir que no se debe tomar la decisión de consumir aspirina sin consejo médico. Es decir, balanceando el riesgo y el beneficio, no se puede recomendar rutinariamente aspirina para prevención cardiovascular primaria.  Ésta debe ser una decisión compartida con el médico, quien hoy cuenta con scores o tablas que ayudan a medir el verdadero riesgo de padecer un infarto cardíaco o un ACV y de manera individualizada puede aconsejarle tomar o no aspirina para la prevención.  Se debe tener en cuenta que hay personas que son más sensibles a los efectos de la aspirina como los ancianos, las personas que tienen antecedentes de gastritis, úlcera de estómago o de duodeno, o tienen intolerancia respiratoria a la aspirina, o los que toman antiinflamatorios, corticoides o anticoagulantes.

En prevención primaria, al menos por ahora, no se recomienda aspirina para quienes tienen menos de 50 años de edad porque no hay evidencia científica suficiente y aún se debe investigar más en este grupo.  Entre los 50 y 69 años de edad, debería recibir el consejo de su médico basado en el riesgo individual de tener en el futuro un evento cardiovascular y en las probabilidades de sangrado.

Ancianos. En personas sin enfermedad cardiovascular de 70 años de edad o más, la administración de aspirina para prevención primaria no produjo beneficios en cuanto a la reducción de muerte, aparición de demencia o discapacidad física permanente, pero sí hubo más episodios de sangrado cuando se comparó con las personas de igual edad que no tomaban aspirina. Tampoco deberían tomar aspirina sin recomendación de su médico.

Diabetes. Las personas con Diabetes tipo 2 tienen un riesgo cardiovascular aumentado, pero aun así se ha demostrado que si bien aspirina reduce la aparición del primer evento vascular esto es contrabalanceado por un mayor riesgo de sangrado. Por lo tanto, por ahora no es recomendable que los diabéticos tomen rutinariamente aspirina para prevención primaria, salvo que su médico, evaluando el riesgo y beneficio se la indique.

Alcohol. El vino, la antíquisima bebida que es sinónimo popular de alegría y euforia, especialmente durante las fiestas, se cree que en cantidades moderadas podría tener efectos beneficiosos sobre las paredes de las arterias previniendo la aterosclerosis, sobre las plaquetas disminuyendo la formación de coágulos, sobre la diabetes disminuyendo los niveles de azúcar en sangre y sobre las grasas de la sangre disminuyendo el colesterol “malo” y aumentando el colesterol “bueno”.  Sin embargo, un estudio a gran escala que se realizó en 195 países y regiones del mundo, mostró que el alcohol es el séptimo factor de riesgo para muerte y discapacidad y el consumo de bebidas alcohólicas (no solo vino) está relacionado con 60 enfermedades agudas y crónicas.  En realidad este importante estudio epidemiológico mostró un aumento de la mortalidad entre los consumidores de alcohol, especialmente relacionada con el cáncer. En 2016, se comprobó que 32,5% de las personas en el mundo son bebedoras de alcohol (25% de las mujeres y 39% de los hombres), pero esto varía muy ampliamente según el índice de desarrollo socio-demográfico del país (un número basado en el cálculo de los ingresos per cápita, el nivel de educación logrado y la tasa de fertilidad total de la población). Por ejemplo, en Argentina se estima que aproximadamente 80% de los habitantes ha consumido al menos una medida de alcohol (10 gramos de etanol) en 2016 y, el promedio muestra que el consumo fue de 2 a 3 de estas medidas por año. En cambio en países con bajo índice socio-demográfico como Nepal, solamente el 1,5% de las mujeres consume alcohol y el 20% de los hombres. En el otro extremo, en Suecia con un índice socio-demográfico alto, 86% de las mujeres y 87% de los hombres son bebedores de alcohol.  En 2016, el alcohol estuvo asociado a casi 3 millones de muertes en todo el mundo; un ejemplo muy llamativo fue Rusia, país en el que a partir de 1980 el 75% de las muertes de los hombres de entre 15 a 55 años de edad, estuvo asociada con el consumo de bebidas alcohólicas.

Qué hay de la prevención sobre la enfermedad cardiovascular? Algunos estudios habían mostrado que beber cantidades pequeñas a moderadas de alcohol podría tener efecto protector, pero otros estudios más amplios y mejor diseñados no evidenciaron ese beneficio y actualmente los datos muestran que, a pesar de que en algunos grupos poblacionales como las mujeres de más de 60 años de países de alto indice socio-demográfico podrían estar protegidas, esta protección desaparece al balancearse con el mayor riesgo de cáncer asociado con el alcohol. En conclusión, no se ha demostrado el efecto protector del alcohol sobre la enfermedad cardiovascular y sí se ha visto que a cualquier edad puede causar daño.

Qué hay del alcohol y los jóvenes? Otro estudio reciente que incluyó a casi 140.000 jóvenes de 12 a 15 años de edad, en 57 países de bajos a medianos ingresos, mostró que 23% bebieron alcohol al menos un día al mes y 10% durante 3 días o más al mes.  En Argentina, 48% de los jóvenes bebió al menos un día al mes y 23% lo hizo durante 3 o más días al mes, siendo más frecuente en los varones (25%) que en las mujeres (22%). Pero además, se vió que los jóvenes de 14 a 15 años beben más que los de 12 a 13 años (28% vs 14% respectivamente).  El 33% de los adolescentes entre 14 y 15 años reconoció haber estado borracho por lo menos una vez, mientras que 23% admitió haber tenido problemas relacionados con la bebida al menos una vez en su corta vida.

Cómo obtienen acceso al alcohol los adolescentes? La forma más frecuente de obtenerlo es a través de amigos (28%) y de la familia (23%); además los varones tendieron más a comprar o hacer comprar a otras personas, mientras que las mujeres llamativamente accedieron más a través de la familia que los varones.

Cuáles pueden ser las consecuencias de beber alcohol en los jóvenes? La adolescencia es un período crucial de la vida en la que se pueden adquirir hábitos que pueden beneficiar o perjudicar la salud en la edad adulta. El consumo de bebidas alcohólicas puede provocar un desarrollo anormal del cerebro con trastornos de la atención, alteración del aprendizaje verbal y de la memoria. Por otro lado, el alcohol es una sustancia psicoactiva que puede producir euforia, relajación y adicción; además puede facilitar una conducta violenta y autoagresión o severos trastornos por intoxicación aguda.

Cuál es la cantidad óptima de alcohol? Al evaluar todos los factores relacionados con la salud y el alcohol, se vió que la cantidad ideal para consumir es cero, es decir es más saludable no consumir alcohol que hacerlo.

Prof. Dr. Hugo R. Ramos
Especialista en Cardiología

Instituto Modelo de Cardiología
Prof. de Clínica Médica, Universidad Nacional de Córdoba
Ex Presidente de la Sociedad de Cardiología de Córdoba