La insuficiencia cardiaca (IC) es un síndrome clínico causado por una incapacidad del corazón para cumplir su función;  se caracteriza porque el paciente sufre sensación de falta de aire (disnea), de distinto grado, fatiga, tos, dispepsia, constipación y edemas. Esto se acompaña de signos tipicos (taquicardia, taquipnea, derrame pleural, edema periférico, hepatomegalia y elevada presión venosa yugular) y  evidencia objetiva de una anormalidad estructural o funcional en reposo (cardiomegalia, tercer ruido cardiaco, murmullo cardiacos, anormalidad en la radiografía, en el ecocardiograma, y en el laboratorio (elevación de urea, creatinina, troponina, concentración de péptido matriurético, hiponatremia, etc.).

Podemos decir que es una enfermedad muy severa, cada vez más frecuente en todo el mundo y con un pronóstico que depende en gran medida del momento en que detectemos la enfermedad.

El aumento en su prevalencia responde a varias causas:

    • El envejecimiento de la población.
    • Los avances en el tratamiento de la cardiopatía isquémica y el aumento de la supervivencia de estos enfermos con un corazón patológico.
    • Los propios avances y mejoría de la supervivencia en su tratamiento.
    • Epidemia de obesidad y diabetes de los países desarrollados.
    • No optimización del tratamiento.

La prevención juega, pues, un papel fundamental para retrasar o evitar la aparición de esta enfermedad. La prevención pasa por el control y manejo de las enfermedades y los factores de riesgo que la desencadenan, sobre todo, la hipertensión y la cardiopatía isquémica.

Algunas cifras

La IC causa o complica aproximadamente el 20% de todas las hospitalizaciones en personas del mundo occidental, mayores de 60 años. El número de hospitalizaciones se ha incrementado significativamente.

Entre un 6% y 10% de los pacientes mayores de 65 años tiene insuficiencia cardiaca y la edad media de los pacientes hospitalizados es de 72 años. En Argentina constituye la primera causa de internación en mayores de 65 años, como así también la primera causa de muerte.

La incidencia anual se calcula en 300 cada 100.000 pacientes y hay 70.000 internaciones anuales por IC agudamente descompensada.

Representa el 20 al 30 % de las internaciones cardiovasculares. El 38% tiene como factor descompensante el incumplimiento del régimen dietético y el tratamiento farmacológico.

Factores de riesgo

El principal factor de riesgo para la insuficiencia cardiaca es la hipertensión, al punto tal que más de la mitad de los pacientes hipertensos presentan un alto riesgo de desarrollarla. Por esto, es muy importante llevar un seguimiento adecuado de nuestros valores de presión arterial y, en el caso de padecer hipertensión, tomar las medidas adecuadas para mantener sus valores por debajo de las cifras que nos indique nuestro médico.

Para ellos deberemos introducir cambios en el estilo de vida con una correcta alimentación, moderado consumo de sal, ejercicio físico habitual y cumplimiento de la medicación que nos prescriban.

Como causa directa, la cardiopatía isquémica (enfermedad del músculo cardiaco secundaria a la enfermedad coronaria ateroesclerótica) es la primera responsable (40 – a 60 % de todos los casos); de allí la importancia del control y tratamiento de los factores de riesgo de la enfermedad vascular ateroesclerótica: hipertensión arterial, tabaquismo, sedentarismo obesidad, diabetes, hipercolesterolemia y stress.

A partir de los años 90 se fueron sucediendo significativos avances en el diagnostico y tratamiento de la insuficiencia cardiaca que dieron como resultado una mejoría significativa en los síntomas y la consiguiente calidad de vida, como así también, la reducción en la mortalidad.

Claves para mejorar el pronóstico

    • Diagnostico precoz y certero e indicación de los tratamientos que han demostrado reducir la mortalidad.
    • Identificar etiologías corregibles.
    • Determinar el tipo fisiopatológico (función ventricular izquierda conservada o deprimida).
    • Tratamiento farmacológico escalonado:
      • El tratamiento de la IC no es fácil de llevar de forma adecuada en la práctica; de ahí que incluso se plantean unidades especializadas de IC.
      • Se requiere una poli farmacoterapia con un control muy estrecho.
      • Es importante destacar que el tratamiento adecuado se asocia a un mejor pronóstico (menor mortalidad, menos ingresos)
      • Enorme responsabilidad de atención primaria en la asistencia a la IC
      • Información habitual.
      • Informe de alta.
      • Recomendaciones generales
      • Control por médico y cardiólogo habituales

* Dr. Félix Zelaya – Esp. en Cardiología- ME 6983
Subjefe de la Unidad de Cuidados Cardiacos Intensivos (IMC)
Nota publicada en la revista «Por la Recta» (diciembre 2011)