Las estaciones de temperaturas más bajas del año, el otoño y el invierno, son las épocas de mayor riesgo de enfermedades respiratorias en la población general, y en el niño alérgico en particular. Los motivos que explican este hecho son diversos, pero importantes de conocer.

La causa más común de alergia respiratoria es el contacto con los ácaros del polvillo ambiental, en inglés denominados house dust mite. Estos pequeñísimos insectos, imposibles de ver con el ojo humano ya que son microscópicos, se alimentan exclusivamente de piel humana que sin darnos cuenta perdemos permanentemente. Se encuentran en mayor número en los lugares que por más tiempo habitamos y donde pueden resguardarse mejor de los cambios de temperatura, tales como colchón y almohada. En el cuerpo de los ácaros, restos de los cuales inhalamos cuando mueren, y en su materia fecal, están presentes las proteínas que pueden provocar con notable facilidad y rapidez síntomas nasales, bronquiales y/u oculares a aquel paciente genéticamente predispuesto para desarrollar alergias. Por tanto, los ácaros son alérgenos intradomiciliarios, por lo que el permanecer más horas en la casa en invierno para resguardarse del frío asegura mayor contacto con ellos y, consecuentemente, más enfermedad.

Además, los pacientes con alergia suelen tener, ante determinados estímulos habituales como frío, stress, humo de cigarrillo, ejercicio, e infecciones bacterianas y/o virales, una capacidad de respuesta mayor. Esa condición es conocida como Hiperreactividad Bronquial (HRB), y en niños de edad preescolar – escolar es especialmente exacerbada por virus, sobre todo por las numerosas cepas del responsable de la mayoría de los resfríos comunes, Rhinovirus (RV). Por lo tanto, en estas enfermedades de fácil contagio y de breve período de incubación, extremadamente simples y banales para muchos, y muy comunes en épocas de frío, los pacientes hiperreactivos pueden sufrir tos y silbido en el pecho por las citadas infecciones, por alergia, o por la acción conjunta de ambas situaciones.

Algunos de los niños que repiten episodios de obstrucción bronquial desde la lactancia hasta la edad escolar no son alérgicos, y serán capaces de dejar atrás su problema sin tratamiento alguno. Por el contrario, otros, con antecedentes familiares de alergia, frecuentemente con historia personal de alergia alimentaria y/o dermatitis atópica en los primeros años, que suelen haber sufrido una enfermedad viral frecuente en el lactante llamada Bronquiolitis Aguda, y que de manera recurrente tienen secreción nasal líquida y cristalina, nariz tapada, estornudos, picor nasal, tos, dificultad para respirar, el mencionado silbido en el pecho, y enrojecimiento – lagrimeo – prurito en los ojos, probablemente sean alérgicos. Son éstos quienes precisan ser estudiados tempranamente a fin de establecer un diagnóstico de la causa de su dolencia e instaurar un tratamiento específico en caso que se justificara, habida cuenta que no superarán su enfermedad por sí solos ni con medicación. Más aún, mientras más tiempo pase sin control de sus síntomas, se podrán agregar complicaciones secundarias a la enfermedad original, como mala calidad de sueño, cansancio diurno, mal rendimiento intelectual y físico, respiración bucal, deformación del paladar, incorrecta implantación de los dientes, disminución de la audición, ausentismo escolar, tos habitual y hasta alteraciones en el humor e imposibilidad de practicar deportes con normalidad.

Lamentablemente, mientras aumenta en todo el mundo la cantidad de niños alérgicos, también se incrementan los pacientes no estudiados apropiadamente, no diagnosticados como corresponde, y por lo tanto no tratados como es debido. En ellos, de manera silenciosa pero sostenida, la enfermedad avanza innecesariamente. El manejo interdisciplinario entre pediatría, otorrinolaringología, neumonología, fonoaudiología y alergia e inmunología, con la colaboración de laboratorio y diagnóstico por imágenes resulta trascendental. La complejidad de la evolución de algunos pacientes precisa de un tratamiento integral, en el que diversos especialistas aporten sus conocimientos. Por consiguiente, el trabajo en equipo basado en los constantes avances de la ciencia contribuye a mejorar de la calidad de vida del alérgico y su entorno familiar a partir de un diagnóstico preciso y a tiempo, y estrategias de tratamiento probadamente eficaces y seguras.

Dr. Sebastián Croce
Especialista en Alergia e Inmunología
Profesor Universitario en Medicina
Facultad de Medicina – Universidad Católica de Córdoba
Servicio de Pediatría
Instituto Modelo de Cardiología Privado SRL