La próstata es una glándula sexual del tamaño y forma de una nuez que pesa 20 gramos. Existe sólo en los varones, forma parte del aparato reproductor masculino y su función es segregar nutrientes que forman el semen y mantienen la vitalidad de los espermatozoides. Se encuentra rodeando a la uretra, en el cuello de la vejiga y por eso, al agrandarse o inflamarse, obstruye la salida de orina a través de la uretra.
Las enfermedades más frecuentes de la próstata son:

Hiperplasia prostática benigna

Es el aumento de tamaño no canceroso de la próstata que reduce el flujo de la orina desde la vejiga. Afecta a más del 50% de los hombres mayores de 50 años y a casi todos, después de los 80. La padecen millones de hombres en todo el mundo. Algunos de los síntomas son: necesidad de orinar con mayor frecuencia, sobre todo de noche; sensación repentina de que va a orinarse; sensación de no vaciar totalmente la vejiga; chorro débil de orina; necesidad de hacer fuerza al comenzar a orinar y retardo para empezar la micción por la mañana o cuando tiene la vejiga excesivamente llena.

Ante su presencia se realiza una ecografía para determinar el volumen prostático y la presencia de residuo de orina en la vejiga después de la micción. Además, se determina en sangre el antígeno prostático específico para detectar cáncer prostático y la medición del chorro urinario con la uroflujometría.

Con estos elementos y los síntomas del paciente, se recomienda el tratamiento. Este puede incluir desde hábitos dietéticos, como eliminar picantes, café y alcohol, lo cual es a veces suficiente para mejorar la micción, o la indicación de fármacos como los alfa-bloqueantes, que relajan la uretra prostática y favorecen la salida de la orina.

La cirugía se indica cuando los tratamientos anteriores no funcionan o las complicaciones, como la infección urinaria frecuente, los cálculos vesicales o la retención urinaria, hacen necesaria una solución definitiva.

Cáncer prostático

Es uno de los más frecuentes en el hombre. El 30%, en mayores de 70 años y el 67% después de los 80. En general, es asintomático al comienzo y cuando tiene síntomas son parecidos a los de la hiperplasia, pero la enfermedad se encuentra ya en un periodo avanzado. De ahí la importancia de los controles anuales a partir de los 40 años, si se tienen antecedentes familiares de cáncer de próstata o a los 50, si no los tiene.

La manera de hacer el diagnostico es a través de la medición, en sangre, del antígeno prostático especifico y el examen digito-rectal de la próstata.
Cuando alguno de éstos o ambos se encuentran alterados se realiza una biopsia para determinar la presencia de cáncer. Es muy importante la detección precoz porque permite el uso de tratamiento con posibilidad de curarlo, como la cirugía radical o la radioterapia.

Cuando la enfermedad está avanzada y con diseminación a ganglios, huesos u órganos vecinos, el tratamiento solamente puede ser paliativo y se realiza a través del bloqueo farmacológico de los andrógenos (hormona masculina).
Recuerde:

* Dr. Luis G. Olmedo – Esp. en Urología (Instituto Modelo de cardiología)
Prevenir es mejor que curar[dt_divider style=»thick» /]